En la cafetería de la playa, con
ante tus ojos, casi palpas
el poema mínimo en la etiqueta de
la botella.
Este vino, vertido de las entrañas de
la tierra y empapado por el salitre,
hará que saborees el dulzor encarnado
de la cereza y la picota, en contraste con
la acidez ambarina del limón y la mandarina
verde. El buen observador sabrá reconocer los
ojos de este vino y sentirá el cosquilleo de sus
pestañas recorriéndole la garganta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario