A penas tenía 10
años cuando la conocí.
Mi padre leía todos
los días el Correo. No permitía que nadie lo hojease antes que él. Sin
embargo, yo siempre me las arreglaba para leerlo sin esperar a que hubiese
terminado. Si estaba sentado, leía por encima de su hombro; si estaba de pies, me
colocaba debajo y leía la primera y la última página. Incluso aprendí a leer al
revés para cuando la doblaba por la mitad. Ahora me doy cuenta de lo
insoportable que llegaba ser y entiendo que se enfadase. Ni el periódico le
dejaba leer tranquilo.
Y entonces, en una de esas, la encontré. Allí, en la última
página, la que recogía historias de la actualidad internacional, allí estaba ella: Angela Davis.
Mi pelo era como ahora y siempre, indomable y rizado. No tenía comparación con las melenas siempre bien peinadas de mis
compañeras. Esto me daba muchos quebraderos de cabeza y algún disgusto.
Pero el pelo de Angela Davis, era como el mío, incluso mucho más rebelde. Sentí
que por fin había encontrado un espejo en el que mirarme. Y la convertí en
mi modelo en cuanto al cabello...
Luego profundicé en su historia y entonces me enamoré definitivamente. Y su lucha por las libertades se hizo mía también …
