martes, 25 de julio de 2017

LA MALETA VACIA





       
Ha dejado la maleta en el suelo junto a sus piernas y la roza con los zapatos húmedos.  Es una maleta de las viejas, rígida, de color beige a  rayas,  con refuerzos de piel marrón en los ángulos. Está atada con una correa de cuero. Su viaje no ha empezado todavía. Está esperando. De madrugada, todavía de noche ha recorrido las calles desiertas en dirección a la estación. El asfalto brillaba mojado bajo la luz de las farolas. Llevaba la maleta vacía. Caminaba rápido, el ceño fruncido y la boca apretada. 
         Esta es la historia. Cuando su novio llamaba al timbre del portal, se oía el taconeo de Charito bajando las escaleras y una ráfaga de olor a perfume antiguo y a polvos de arroz se esparcía por todo el edificio. Si algún vecino le preguntaba “¿A dónde vas tan guapa?”, se reía y su risa sonaba como la pulsera de moneditas que llevaba en la mano izquierda. Y es que estaba muy enamorada.
         A las vecinas no les gustaba el novio que era un antipático y un sinvergüenza Que casarse todavía no. Que lo tenía que pensar. Que ella era poca cosa ¿Qué más quería ese muerto de hambre? Él, sí que no valía un pimiento.

        Y se casaron, tarde y mal, pero se casaron.

       Una noche, él llevó a casa una prima lejana que había dado un mal paso. Era una jovencita rubia, con una mirada descarada. Estaba embarazada.                  Charito adoraba los niños y sin pensarlo dos veces acogió a la futura madre en su hogar. Amadrinó a la criatura como si fuese suya. Empujaba orgullosa el coche de capota, cosía colchas de piqué y tejía chaquetitas de espumosa lana  azul para su ahijado. Agradecía a Dios y al mundo la oportunidad que le brindaban de tener una criatura entre los brazos y  poder cuidarla como si fuese suya. Pregonaba su buena suerte a los cuatro vientos y era feliz.
      Hasta que un alma caritativa le abrió los ojos. 

      A Charito la vieron en la estación subiendo de madrugada al tren de Estella. Con el traqueteo del tren, la maleta  se tambaleaba vacía. Le hubiese gustado llevarla llena con el primer beso y con aquel clavel que le puso en el pelo para ir a los toros, el velo de novia y la alianza, algún viaje juntos, un hijo soñado.... Con el traqueteo del tren, la maleta  se tambaleaba vacía
Algunos decían que Charito encontró un hombre bueno y rehizo su vida y otros apostillaban  “Sí , saltando desde el puente de las Arquijas”

  

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