Ha dejado la maleta en el suelo junto a sus piernas y la roza con los
zapatos húmedos. Es una maleta de las viejas, rígida, de color beige
a rayas, con refuerzos de piel marrón en los ángulos. Está atada
con una correa de cuero. Su viaje no ha empezado todavía. Está esperando. De
madrugada, todavía de noche ha recorrido las calles desiertas en dirección a la
estación. El asfalto brillaba mojado bajo la luz de las farolas. Llevaba la
maleta vacía. Caminaba rápido, el ceño fruncido y la boca apretada.
Esta es la historia.
Cuando su novio llamaba al timbre del portal, se oía el taconeo de Charito
bajando las escaleras y una ráfaga de olor a perfume antiguo y a polvos de
arroz se esparcía por todo el edificio. Si algún vecino le preguntaba “¿A dónde
vas tan guapa?”, se reía y su risa sonaba como la pulsera de moneditas que
llevaba en la mano izquierda. Y es que estaba muy enamorada.
A las vecinas no les gustaba el novio
que era un antipático y un sinvergüenza Que casarse todavía no. Que lo tenía
que pensar. Que ella era poca cosa ¿Qué más quería ese muerto de hambre? Él, sí
que no valía un pimiento.
Y se casaron, tarde y mal, pero se casaron.
Una noche, él llevó a casa una prima lejana
que había dado un mal paso. Era una jovencita rubia, con una mirada descarada.
Estaba embarazada.
Charito adoraba los niños y sin pensarlo dos veces acogió a la futura
madre en su hogar. Amadrinó a la criatura como si fuese suya. Empujaba
orgullosa el coche de capota, cosía colchas de piqué y tejía chaquetitas de
espumosa lana azul para su ahijado. Agradecía a Dios y al mundo la
oportunidad que le brindaban de tener una criatura entre los brazos y
poder cuidarla como si fuese suya. Pregonaba su buena suerte a los cuatro
vientos y era feliz.
Hasta que un alma caritativa le abrió los ojos.
A Charito la vieron en la estación subiendo de
madrugada al tren de Estella. Con el traqueteo del tren, la
maleta se tambaleaba vacía. Le hubiese gustado llevarla llena con el
primer beso y con aquel clavel que le puso en el pelo para ir a los toros, el
velo de novia y la alianza, algún viaje juntos, un hijo soñado.... Con el
traqueteo del tren, la maleta se tambaleaba vacía
Algunos decían que Charito encontró un hombre bueno y rehizo su vida y
otros apostillaban “Sí , saltando desde el puente de las Arquijas”


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