Ella me mira desde la pared todos los días y todas las noches.
Acaba de hacer el amor y está satisfecha. Se relame, los ojos le
brillan, se exhibe para su amante, fresca y lozana. No tiene arrugas, ni canas,
ni le han salido bolsas bajo los ojos.
Me mira por la mañana cuando a duras penas me levanto de la cama con
los ojos llenos de ganas. Me mira cuando me visto.
Me mira cuando después de un día agotador y desesperante me
introduzco entre las sabanas tratando de no despertar a mi marido. Sin lavarme
los dientes, me desplomo y ella me mira y se burla.
Un día de estos le haré unos pequeños retoques para que sepa lo
que es la vida. Le colocare estrías y le desplazare la matriz, le pondré las
tetas caídas y sabrá lo que significan los años.
Me engañaste con tu esplendor risueño y ahora, aquí estamos las dos tú
te llenaras de polvo y yo me arrugaré mirándote.

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