Ayer cumplí 49
años. Nunca hubiese imaginado llegar a esta edad. No he sido una persona de las
de "quiero morir joven y hacer un bonito cadáver" pero en mis planes
de futuro nunca me imaginé con esta edad.Me he visto joven y más mayor y me he visto vieja y arrugada pero nunca me he soñado con cuarenta y tantos, casi cincuenta... con sobrepeso, algunas canas, sufirendo la última revolución hormonal, que me acerca a la adolescencia más de lo que yo quisiera, y recorriendo nuevamente un territorio desconocido.
Porque es mentira eso de que con la edad se consigue una madurez equilibrada, la vida es un no parar de enfrentar nuevos retos y nuevas experiencias cuando crees tener la clave te sorprende de nuevo. Y aquí estoy de nuevo haciendo balance.
¿La madurez, cuarentones y cincuentones? ¿Somos invisibles, conservadores, hemos perdido los sueños y la pasión? Se me ocurre que debería ser el momento de conseguir lo soñado, de las pasiones realizadas, de las revoluciones consolidadas, de sostener el mundo y darle consistencia.
Es el tiempo de los mil colores que se nos ofrecen en toda su intensidad real, sin ser quemados por el sol: brillantes rojos y amarillos, morados y verdes húmedos, azules y grises de matices insospechados.
Es el tiempo de la vendimia y de elaborar el buen vino que nos acompañará en el último tramo.
¡Adelante Tigres de Mompracem! ¡El destino es nuestro y está aquí!
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